Que tu sueño se haga realidad

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lunes, 21 de junio de 2010

Lugares exclusivos. Hoteles de fantasía y ensueño






POR BEATRIZ CORTÁZAR (fuente abc)
Actualizado Jueves, 07-08-08 a las 10:10
El lujo es una necesidad que empieza donde termina la necesidad. Palabras de Coco Chanel para definir uno de los términos más repetidos y contundentes a la hora de anunciar algo exclusivo, único, sumamente caro y raramente ignorado. Lujo es glamour, es privacidad, intimidad, riqueza, elegancia, distinción, poder, belleza, pero también hoy en día darse un lujo es tener tiempo para hacer lo que uno quiere, encontrar silencio en medio del griterío, saborear un plato con productos naturales...
Si por lujo se entiende darse unas vacaciones de ensueño, disfrutar de un paisaje único y vivir todas las fantasías y caprichos que los bolsillos más abultados se puedan permitir, nada como visitar algunos de los hoteles más punteros en las listas internacionales de las publicaciones especializadas que tienen su top ten repartidos por lo ancho del mundo, y sin que el poder de los anunciantes intervenga en esas elecciones. Partiendo de la base de que no todo el mundo busca lo mismo cuando quiere un hotel de lujo, lo que sí es coincidente es que esos establecimientos se caracterizan por dar un paso más en comodidad y discreción, por aunar tecnología y estilo en sus decoraciones, o por recuperar algunas de las joyas arquitectónicas más valiosas o incluso levantar estructuras imponentes sobre bases donde antaño había mar.
Sin duda, los que han viajado por países exóticos saben lo que significa el lujo asiático. De ahí que uno de los hoteles más cotizados y selectos se encuentre en la India: el Oberoi Udaivilas en Udajpar, también conocida como «la ciudad del amanecer», en el corazón de Rajastán, a orillas del lago Pichola. El pasado con el presente, un palacio digno de un marajá a disposición de una clientela dispuesta a pagar hasta 2.400 euros por noche (la más barata, 480). La suite principal, de 250 metros, tiene sauna, chimenea, piscina, fuentes y todo tipo de servicios.
Si hay un hotel que ha roto moldes en cuanto a arquitectura se refiere, el caso más notable es el Burj Al Arab, en Dubai, el segundo más alto del mundo, y construido en una isla artificial a 270 metros de la playa del Golfo Pérsico, que se une a la tierra por medio de una carretera cuya construcción comenzó en 1994 y terminó cinco años después. La estructura de este hotel, que cuenta con 7 estrellas, se ha convertido en la imagen más repetida de Dubai y es que entrar en esas instalaciones es traspasar el umbral de la realidad, para dejarse embaucar por un mundo de lujo y extravagancias donde todo es posible.
De entrada y para evitar confusiones, dormir en esta torre cuya forma se inspiró en una embarcación de vela puede llegar a costar 25.000 euros (la suite real). Repartido en 202 suites de lujo (la más económica ronda los 600 euros), con sólo mover las manos uno puede mover persianas, encender aparatos, apagar luces y acondicionar la estancia. En la azotea hay un helipuerto que se convierte en pista de tenis cuando la ocasión lo requiere (ahí se han jugado importantes torneos con las mejores raquetas del mundo).
Pero como siempre, lo mejor de sus tesoros está en el interior. Cuenta con seis restaurantes y uno de ellos se encuentra bajo el mar con un impresionante acuario donde uno puede cenar mientras observa tiburones y corales. Por supuesto todo tiene que aparentar y ser de lujo. El jeque que mandó decorar el hotel a la interiorista china Khuan Chew sólo le dio unas directrices fundamentales: que impactara y arriesgara. Oro, brillantes, sedas, damascos, colores vivos, maderas nobles, mármol, terciopelo... Como detalle, el establecimiento cuenta con un servicio de Rolls Royce y Bentley a disposición de sus clientes.
El lujo de la intimidad
En la guía de los más exclusivos lo normal es encontrarse con varios hoteles de la cadena Four Seasons. Sin duda, el de Bali es fijo en los más votados y es que alojarse allí es lo más parecido a tocar el paraíso. Integrado perfectamente en la naturaleza que rodea al río Ayung, cuenta con las playas más cotizadas entre los surferos de medio mundo. Aquí, el lujo no está en el mármol de las paredes sino en la suavidad de las sedas, en el exotismo del paisaje y las fragancias de sus perfumes. Lujo es practicar yoga bajo un estanque de lotos, cenar junto a la selva, o ver el atardecer a orillas del río. El hotel cuenta con habitaciones y villas independientes donde bañeras llenas de flores endulzan la piel de sus clientes. Aviso a navegantes: la Royal Villa ronda los 3.000 euros la noche.
Rincón favorito de famosos y millonarios es también el hotel Amanjena, en Marrakech, a las faldas del Atlas. Famosos como el matrimonio Beckham, Luis Figo y su mujer; o aristócratas como los Windsor, suelen hospedarse en este hotel que cuenta con 28 pabellones y seis dúplex en medio de un oasis, rodeados de palmeras y olivos. El diseño se inspira en los poblados de adobe bereberes y de ahí el color rosáceo de sus muros y el estanque central, que antiguamente se utilizaba como alberca y que es una réplica del Manara. La privacidad es su mayor encanto ya que garantiza que allí nadie ve al vecino aunque el hotel esté absolutamente lleno. También las «celebrity» tienen en Tánger uno de sus rincones favoritos en el hotel Le Mirage. Desde Catherine Deneuve a Felipe González, pasando por Almodóvar o Isabel Preysler, en este lujoso establecimiento uno puede disfrutar a pierna suelta del sol y es que por tener dispone hasta de playa privada para sus clientes.
Otro tipo de lujo más elegante y clásico es el que se ve en Europa. Siempre nos quedará París y el Jorge V, donde si uno va con su perro verá cómo a la hora de elegir menú, el maître también preguntará qué va a comer el can, o disfrutará de los mejores adornos florales en las habitaciones (los centros de tulipanes negros son únicos). Sin olvidar el encanto del hotel París en Mónaco (el más elegante del Principado) o las impresionantes vistas del Cap Eden Roc D´Antibes, también en la Costa Azul, que tanto frecuentan ahora Brad Pitt y Angelina Jolie con su prole, y años atrás Marilyn Monroe y Arthur Miller.
Lujo para la vista es el lobby del hotel Mandarin en Hong Kong, donde dice la leyenda que a la hora del té se ven a los orientales más guapos y elegantes del mundo, mientras que en Palm Beach las grandes fortunas se dan cita en el hotel Breaker´s. Los románticos siempre tendrán el encanto del Danielli en Venecia (cuando sube la marea es normal encontrar el hall inundado y llegar a la escalera por tablones), mientras que los amantes del toque «british» disfrutarán del clasicismo del Claridge o el poderío del Dorchester, sin dejar a un lado los sándwiches de roast beef del Ritz, donde tomar el té es una experiencia digna de una soberana.

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